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jorge Xavier Una aventura inolvidable – Short y Half Mision 2014 – Ultra trail del Champaquí – San Javier y Yacanto, Córdoba

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El pasado fin de semana se corrió una nueva edición de la serie La Misión, en las coquetas San Javier y Yacanto, villas que conforman una unidad en la región conocida como “Traslasierra”, provincia de Córdoba (Argentina). Allí hice mi “debut” en la disciplina que denominamos “ultra trail de montaña” en el año 2011, oportunidad en la que largué y completé la distancia mayor, cuando hacía días que se habían desatado incendios en las sierras y atravesamos algunos caminos con troncos aún encendidos. En esta oportunidad fue todo lo contrario.

Escribir esta crónica me ha costado bastante más de lo habitual, considerando las particulares circunstancias vividas en la oportunidad. La vida está llena de circunstancias. Forrest Gump decía –recordando a su madre- que la vida es como una caja de bombones, pues nunca sabes cuál te va a tocar. Parafraseándolo, digo que las carreras son como una caja de bombones.

En el año, corrí La Misión (160 Km) en febrero, Patagonia Run (85 Km) en abril, Putaendo (52 Km) en junio y Half Mision (80 Km) en Serra Fina (Minas Gerais) en agosto, además de un montón de carreras de menor distancia y diferentes terrenos. En noviembre correré el Maratón de Nueva York, así que en esta oportunidad me anoté para correr la Short Mision (40 Km) a un ritmo suave, buscando mantenerme físicamente en condiciones y sumando un “fondo” exigente. Es más, mi deportólogo me “prohibió” correr los 80 Km, cuando le comenté sobre la posibilidad de cambiarme de carrera.

Se conformó un precioso grupo de 14 personas (varios debutantes) –en su mayoría del grupo Correcaminos-, más algunos de los habituales “hermanos de la montaña” con quienes comparto estas “locuras”. Algunos viajaron en Aerolíneas Argentinas el jueves 2 (Andrés Silva, Andrea Montans, Andrea Molinari y Andrea Ayala), en tanto otros 10 viajamos el viernes 3 a la mañana (Alejandro Chabalgoity, Pablo Revetria, Pedro Pereira, Jose Ibarburu, Andrea López, Andrea Barcelona, Marianna Andrea Muzzio (si, también se llama “Andrea”), Martín Zanabria y Paola Nande. Allá en la carrera, encontramos además a otros uruguayos: los “rojos” Claudia Sánchez, Fernando Álvarez, Heber Solari (Pirata da Rúa), el yerno de Fabio Guillén (el otro uruguayo que corrió en Serra Fina 2014) Fernando Deleón, y un grupo de colonienses que llevó el experto “misionero” Alastair Martin.

En Córdoba retiramos tres vehículos que habíamos arrendado, y pusimos rumbo a San Javier y Yacanto. Durante el viaje de ida, como es habitual, Paola sufrió alguna consecuencia como resultado de las curvas y altura de las sierras, razón por la cual tuvimos que parar a un kilómetro escaso de San Javier… pero estas son “intimidades”. Almorzamos en la preciosa “La Fonda de Buca”, donde en el año 2011 había disfrutado de una trucha al roquefort, que nuevamente fue la elección, acompañada por una cerveza artesanal. Retiramos el kit en la sede logística de la carrera, ubicada en el Gran Hotel Yacanto, un señorial hotel de la época en que los ingleses construyeron la red de ferrocarriles, donde nos alojamos en 2011. En esta oportunidad ya no había lugar disponible. Tiene un cierto “aroma” místico, con mucha madera y poca iluminación, pisos que crujen al paso de los visitantes, sonidos a los que no estamos acostumbrados en las grandes ciudades, y un ambiente con algo de fantasmal, pero a la vez acogedor y subyugante. No puedo dejar de destacar la característica amabilidad de las personas de “tierra adentro”-propietarios y trabajadores del hotel-, que tuve oportunidad de disfrutar en mi anterior estadía y en mi fugaz visita de este fin de semana buscando a Berni Frau para obsequiarle un kilo de yerba “a la uruguaya” y un paquete de ticholos “brasileños” (globalización, que le dicen). Me dedicaron amablemente todo el tiempo necesario para recorrer uno a uno los nombres de la lista de pasajeros allí alojados, sin ningún signo de molestia.

Posteriormente fuimos al hotel La Fontana ubicado en Villa Dolores frente a la terminal de ómnibus, una ciudad bastante más grandecita, a unos 25 kilómetros de distancia, donde nos alojamos los 14 uruguayos del grupo.

A la noche, tal como estaba previsto, el cielo se desbordó. “Llueve como en Macondo”, dije parafraseando a Gabo. Durante la madrugada se escuchaban los truenos y la lluvia incesante que caía. A la mañana, aquello parecía el diluvio universal con abundante agua que pugnaba por subir a las veredas, y un cielo absolutamente gris con una lluvia persistente sin ningún atisbo de detenerse. Ya en el retiro del kit, el “Guri” Aznárez (organizador) nos avisó que la largada se haría a las 13.00 hs y no a las 11.00, esperando que la lluvia hubiese parado a esa hora, de acuerdo con la previsión del tiempo.

Comentaba con mis compañeros que durante las diferentes carreras de este año, he tenido que enfrentar múltiples circunstancias que transforman cada desafío en un enorme signo de interrogación. A las dificultades propias del ultra trail de montaña –en términos del terreno, desnivel, distancia- en particular durante este año 2014 le debo agregar el clima casi siempre cruel. Y cuando recuerdo que “la montaña no perdona”, no puedo menos que sentirlo como una búsqueda permanente de nuevos límites, de jugar con riesgos que nos enfrentan a situaciones críticas, donde es indudable que hay mucha preparación pero también una “sana cuota de locura”, donde el margen para el error siempre es mínimo. La Misión fue la más piadosa en términos de clima pues solamente debimos enfrentar mucho frío, pero ya Patagonia Run tuvo una impresionante lluvia hasta 3 horas antes de la largada (razón por la cual el camino estaba lleno de barro, hielo y nieve), Putaendo fue un lodazal infernal con tramos en subida repletos de nieve y “tormenta blanca” que llevaron a la neutralización de la carrera cuando llegaba al punto más alto, en tanto Serra Fina me enfrentó a malestares estomacales y un terreno durísimo y peligroso con cuerdas para poder subir y bajar en varios tramos. Obviamente, el Champaquí no podía faltar a la cita…

“Es lo que vinimos a buscar”, les decía en tono de desafío a mis compañeros. Las instrucciones impresas que nos entregaron, alertaban sobre las condiciones que enfrentaríamos y los elementos obligatorios, especialmente abrigo (“Durante la noche hace mucho frío en la cumbre… Recomendamos rompeviento impermeable (puede haber lluvias el sábado hasta las 17hs aprox. A la tarde noche se despeja)”. Estimados lectores, tengan en cuenta que en la jornada previa andábamos con remeras de manga corta y short, a 800 msnm… Y al final, se decía: “Los que abandonan arriba de las Sierras deben saber que la única forma de regresar a San Javier es bajando por sus propios medios por la bajada de las antenas (salvo que la situación sea de real emergencia y gravedad)”.

Usted preguntará por qué tantas reproducciones de las instrucciones de carrera en esta crónica. Es que he leído comentarios muy duros sobre la Organización –que creo cometió errores u omisiones, con algunas posibles justificaciones-, pero no es la responsable de todo lo que sucedió. Agrego para quienes no lo saben, que La Misión es una serie de carreras en semi-autosuficiencia, donde la estrategia de carrera tiene mucho que ver con el resultado que cada uno obtiene. No es una carrera de calle, no es Patagonia Run ni el Mont Blanc. Es La Misión, donde “llegar es ganar”.

Mientras redactaba esta crónica, recibí un video motivador de Reebok titulado “EL CONTRATO”, que me parece muy adecuado, así que lo reproduzco:

YO ME COMPROMETO:

A entrenar con la energía de un rayo, a salir a correr cuando la mayoría se meta en la cama, o cuando todos aún duerman. Me comprometo a dar un paso adelante cuando el cuerpo me pida parar; a hacer de mi voluntad el músculo más fuerte de mi cuerpo. A no dejarme vencer por la distancia, por el dolor, por el frío. A ser más fuerte que mis excusas.

Y a cambio, mi contrato dice que tengo derecho a rugir de alegría. A cubrirme de barro de pies a cabeza. A disfrutar como un niño. A sentirme ligero como un pluma. Me da derecho a estar preparado para la vida. A compartir mi pasión con otros como yo, a sentir que formo parte de una tribu, de mi tribu. A sentirme un privilegiado.

Y POR ELLO, FIRMO UN CONTRATO QUE VOY A CUMPLIR. UN CONTRATO CONMIGO MISMO.

Las carreras

Fue una experiencia enriquecedora, delirante, descomunal, increíble, inolvidable, irrepetible e indescriptible, pese a lo cual haré el intento. “Los que vamos a morir, te saludan” le decían los gladiadores al César. Siempre lo digo en tono de broma antes de una largada, pero en esta oportunidad creo que fue la más cercana a la realidad.

“Nadie podrá decir que no di todo lo que tenía para dar”, repito siempre. Tengo una remera con la inscripción “El camino es la recompensa”, que reproduce parte del discurso del Maestro Oscar W. Tabárez (DT de la selección uruguaya de fútbol), que llevo como lema, ya que siempre trato de mantener viva la consigna de que hay que disfrutar del recorrido, darlo todo en pos del resultado deseado “con el cuchillo entre los dientes” tratando de alcanzar un lugar en el podio -muy raramente me ha tocado- pero no por ello olvidar que la clave en el deporte de montaña es tratar de ser una mejor versión de uno mismo.

A las 13.00 horas paró la lluvia, como estaba previsto. Largamos a las 13:35 desde la plaza de San Javier para emprender el camino hacia el denominado Puesto de Ferreira ubicado a unos 7 km, por caminos de tierra subiendo desde los 800 msnm hasta los 1400 msnm. Como suele suceder, apenas paró la lluvia el aire se puso “pesado” como consecuencia de la humedad, al extremo que empecé a maldecir por haber largado con una camiseta “segunda piel” por debajo de la de carrera. ¡Qué manera de sudar! Pero duró poco.

Varios del grupo de uruguayos salimos a un ritmo muy similar, razón por la cual fuimos encontrándonos casi permanentemente y dándonos aliento mutuo. En cuanto llegamos al Puesto de Ferreira –unos 7 Km de carrera- debimos cruzar un arroyo con agua que baja de la montaña, donde había una corriente algo fuerte pero que no llegaba más allá de la altura de los muslos. Enseguida empezaba la subida más dura, con muchas piedras, barro y continuo zigzag ayudados por los bastones.

Un poco después, se nubló y empezó a soplar una brisa que poco a poco fue haciéndose cada vez más fuerte. A mitad de camino, la visibilidad era muy escasa –apenas se alcanzaba a divisar a quienes iban a no más de 10 metros-, la temperatura bajó rápidamente y al ratito se largó a llover. Me detuve, me puse la campera Columbia finita con protección Omni-Heat, el pantalón The North Face impermeable y me cambié los guantes. Ya casi no sentía los dedos de las manos… pero podía moverlos. Algunos se detuvieron más de una vez para ir “vistiéndose” de a poco; error, pues es indudable que cuando uno para, sufre enormemente el frío reinante. Uno de ellos fue “Caroteno” Chabalgoity, quien se detuvo tres veces.

Cuando la lluvia arreciaba, algunos corredores empezaron a bajar desistiendo de la prueba. Es claro que quienes no tienen experiencia en estas disciplinas y condiciones, cuando ven estas deserciones y escuchan expresiones del tipo “es de locos”, “es muy peligroso”… se sienten tentados a adoptar la misma conducta (el “efecto manada” que tanto estudiamos en el ámbito académico, en materia de comportamiento). En mi caso, siempre traté de mantener la calma ya que conozco ese terreno y llevaba una clara decisión: llegar a la cima en menos de 4 hs. 30 min., que fue el tiempo que puse en el 2011. No me alimenté en ese tramo, pues detenerse es casi un suicidio en esas condiciones. Siempre recuerdo las palabras de Pablo Lapaz, diciendo: “si sentís frío, no te detengas, movete que es la mejor forma de entrar en calor”.

A un kilómetro escaso y unos 100 metros de desnivel de llegar al col que nos lleva al punto de separación del circuito de 40 Km y 80 Km, el gran Berni Frau decidió abandonar al igual que Andrés Silva. Ambos han dicho que la Organización no tuvo responsabilidad. Es más, Berni señaló que subestimó la carrera (viene de completar la temible TDS en el Mont Blanc, hace 5 semanas), se equivocó al elegir el calzado y la ropa, y demoró en ponerse los guantes. Conversando con Andrés, le comentaba que también me ha tocado abandonar y uno debe quedarse con la satisfacción de haberlo dado todo, pero también de haber adoptado una conducta responsable con uno y con quienes de nosotros dependen o están pendientes de estos desafíos. ¡Y vaya si es una conducta responsable, saber bajarse a tiempo!

A los 16 Km de carrera, alcancé el punto de control donde se hacía la división de caminos (2700 msnm). La chica de la Organización que registraba el paso de los corredores, después de saludarme (la conozco de tantas carreras), me espetó una orden terminante: “bajá ya, no te detengas, enseguida entrás en calor”. Atiné a preguntarle algo (no recuerdo qué) y su respuesta fue: “te dije que bajaras ya”. Obviamente, le hice caso. Se supone que allí había un puesto de abastecimiento, pero el impresionante viento que soplaba –con ráfagas de 65 km/h- y una temperatura de 3° (sensación térmica de -15º), habían hecho colapsar cualquier esquema montado para la asistencia. Dos camionetas estaban repletas de corredores al borde de la hipotermia, con malestares estomacales (Andrea Ayala “regó” una de ellas), y la carpa no había podido ser armada por el viento. Los de 80 Km subían hasta el punto más alto del Champa, en tanto los de 40 Km empezábamos a bajar por un camino peligroso lleno de piedras. ¿Recuerdan las instrucciones de la carrera? “Los que abandonan arriba de las Sierras deben saber que la única forma de regresar a San Javier es bajando por sus propios medios por la bajada de las antenas (salvo que la situación sea de real emergencia y gravedad)”. En intercambios posteriores que tuve con el Guri Aznárez, me enteré que dos paramédicos que habían sido contratados y estaban en ese puesto, habían “renunciado” en el punto y abandonaron sus tareas, lo que generó algunas discrepancias y diferencias en los mensajes que se comunicaban a los corredores.

Apenas retomé la marcha, un corredor más adelante queda duro, gira sobre sus piernas agarrotadas y cae. Corrí a auxiliarlo y me dice que se había acalambrado en ambas piernas, así que lo ayudé a estirar y superar el trance, tratando a la vez de no enfriarme. En cuanto se recuperó un poco, lo ayudé a levantarse y me dijo que siguiera, ya que podía avanzar. Enseguida encontré a Pablo Revetria –casi no nos reconocimos-, a Pedro Moreira y Jose Ibarburu, con quienes fuimos bajando durante algunos tramos. Increíblemente, entramos en calor… Podía mover los dedos de las manos y sostenerme más o menos dignamente, así que empecé a bajar más rápido. En cuanto el de allá arriba se dignó a correr las cortinas, empezaron  a verse los rayos del sol que iluminaban todo el valle. El renacimiento, lo denominamos quienes hemos atravesado situaciones críticas. Los uruguayos de Correcaminos Jose y Pedro, junto a Pablo, decidieron esperar a sus compañeras que venían un poco más atrás (algunas de las Andreas).

De repente siento olor a humo… en una curva del sendero de bajada, aún con bastante viento y frío, rescatistas y un par de corredores estaban tratando de reanimar a un corredor dentro de un sobre de dormir, a quien masajeaban todo el cuerpo, pues estaba con terrible hipotermia (había llevado muy poca ropa, parece…). Unos 50 metros más abajo, encuentro a otro par de corredores –uno de ellos, Juan Carlos Monserrat (lector del blog)- que acompañaban a un competidor que se había dislocado el hombro. Me dicen que avise a los rescatistas, y como sabía que estaban cerca les grité y se asomó Jose (“El Clavo de Hierro”), quien me hizo señas de que bajaba y se ocupaba de atenderlo. La historia tuvo un final feliz.

En ese tramo, fuimos tirando a buen ritmo con Valeria Suárez (Paraná), quien había largado los 80 Km, pero decidió cambiar al recorrido de 40 Km, como hicieron muchos (con buen criterio, digo yo). “La montaña es cruel”, recuerdan? Figuran como DNF en el ranking de la carrera, pero ello es lo que menos importa, pues preservaron cosas mucho más importantes. Junto a Valeria, alcanzamos el tramo que baja la montaña entre las torres de alta tensión, con algún tramo con cemento firme pero en su mayoría con un sendero de pasto, tierra y piedras. Cuando avanzaba junto a Valeria en uno de esos tramos con cemento, pisé algunas piedritas sueltas acumuladas por el agua cuando baja y volé… como en dibujitos animados, caí cuan largo soy (más bien corto…). Flor de golpe, pero nada grave ya que me levanté con más vergüenza que dolor. Valeria se fue adelante –llevaba mejor ritmo que yo- al igual que Juan Carlos Monserrat, quien también me había alcanzado.

Ya a unos 5 kilómetros de la meta, me alcanzó y superó Pablo Revetria, quien se sentía muy bien físicamente. Paré y me puse la linterna frontal, pues el sol estaba terminando de ocultarse. Faltando 3 kilómetros, recordé que no había ingerido ningún gel, así que tomé uno. Me sentí notoriamente mejor, al extremo que ese último tramo lo hice a trote sostenido superando a algunos corredores en el ingreso a San Javier. Es que la llegada debe hacerse con ritmo digno, ¡qué también! Había público a lo largo de las calles que aplaudía, así que no era cuestión de pasar vergüenza. ¡Cuánta emoción! Es increíble como uno puede sentirse casi un “héroe” acompañado por el aplauso y el aliento de la gente del pueblo.

Percibí que llegaba en poco más de 7 hs 30 m., así que ya me sentía muy conforme con mi desempeño, pues había largado con la idea de marcar alrededor de 8 horas. Finalmente, lo hice en un tiempo neto total de 7 hs 36 min para los 35 km 200 metros que me marcó el GPS. De acuerdo con la versión oficial, marqué 7 hs 40 min, ocupé la posición 73 entre 157 que llegaron en la distancia Short, entre 189 que largamos (un 22% de abandonos, elevado para la distancia). En la categoría, ocupé la 5ª. posición entre 15 que llegamos y 20 que largamos (percentil 25, muy bueno para mis expectativas).

Desempeño de los demás uruguayos

Hubo excelentes desempeños de mis compañeros. En la distancia Short, Marianna Andrea Muzzio ocupó la 2ª posición en la general entre damas y 1ª en su categoría con un tiempo de 6 hs 08m, en tanto Andrea Molinari quedó 2ª en su categoría con 7 hs 45m. El debutante en largas distancias y disciplina Pablo Revetria también se mandó flor de carrera, con un tiempo de 7 hs 20 m (creo), Pedro Pereira y Jose Ibarburu llegaron junto a Andrea Molinari, en tanto Alejandro “Caroteno” Chabalgoity llegó con Andrea Montans (que cambió de 80 a 40 Km) en 8 hs 35 m.

También completaron el recorrido Andrea López, y Los Rojos Heber “Pirata da Rúa” Solari, Fernando Álvarez y el debutante Fernando Deleón. Andrea Barcelona y Andrés Silva no completaron el recorrido, pero con seguridad en la próxima oportunidad estarán allí para “achatar” esos cerros.

¿Qué pasó con los corredores de 80 Km?

Aquí hubo una situación notoriamente más complicada. Como ya comenté, varios se cambiaron al recorrido de los 40 Km al llegar al PC1, o hicieron otro par de recorridos “alternativos” –de menor distancia y complejidad, resueltos sobre la marcha en función de las circunstancias del clima- cuyos resultados incluso están siendo revisados por la Organización.

Mis compañeros de viaje Paola Nande y Martín Zanabria, nuevamente demostraron un enorme temple, pues completaron el recorrido original en un tiempo total de 20 hs 17m. Paola fue 3ª en su categoría, en tanto la pequeña gigante Claudia Sánchez (Los Rojos) ocupó la 2ª posición con 19 hs 36m. De los 228 que largaron, solamente 28 completaron el recorrido (12% del total), en tanto 27 completaron el “recorrido alternativo 1” (12%), otros 63 hicieron el “recorrido alternativo 2” (28%) –entre ellos, Andrea Ayala-, y los restantes 110 figuran como DNF (un elevadísimo 48%).

Los resultados globales

El total de abandonos entre las dos distancias alcanza a 143 personas, en tanto quienes las completaron suman 274. El total de abandonos alcanzó entonces a un elevadísimo 34 %, que en realidad debería ser mayor ya que los denominados “recorridos alternativos” deberían considerarse en una categoría “diferente” (¡y suman nada menos que un 40% de los que largaron los 80 Km!).

Muchos comentarios “duros” he leído sobre la organización y las decisiones tomadas. Es claro que no comparto muchas de esas expresiones, y así lo he hecho saber. Estuve intercambiando ideas con Berni Frau (en una muy respetuosa discrepancia en varias de ellas) y con el Guri Aznárez. Me queda la enorme satisfacción de que se hizo lo humanamente posible para minimizar las consecuencias de las difíciles condiciones que se vivían en la montaña, y que se tomarán medidas para evitar y corregir en el futuro aquellas cosas que salieron mal. Pero no olvidemos que La Misión es una serie de carreras en régimen de semi autosuficiencia, con instrucciones y condiciones puestas por escrito y explicitadas de todas las formas. Es una serie “espartana”, como la definió en una oportunidad el gran Ricky Ferrero (cordobés, ultramaratonista, un ejemplo de deportista y persona). Y lo más importante: todos somos grandes y estamos en condiciones de tomar las decisiones que mejor se ajusten a nuestro estado físico y la situación del clima, o de lo contrario, asumir las consecuencias.

Se preguntaba Berni si debió el Guri Aznárez cancelar la carrera. Se respondió: “Sí. Cuando le llegaron los reportes de las condiciones en el plateau, debió haber dado la orden de que nadie pasara del PC1 y todos hicieran el circuito de 40 km. Pero aún más importante, la orden que fuere, debió ser la misma para todos los colaboradores de la organización, asegurarse que todos la recibieran, y ser clara y de interpretación sin ambiguedades. Esto no fue ni remotamente el caso”. 

En algunos aspectos, discrepo con mi querido amigo y coterráneo. Puedo entenderlo para aquellos casos en que los corredores llegaron a ese punto después de determinada hora o en determinadas condiciones físicas o emocionales que no hicieran conveniente que siguieran, aspecto que debería ser evaluado en el lugar por los rescatistas y paramédicos. Era claro viendo las previsiones meteorológicas, que el clima mejoraba notoriamente a partir de las 18.00 horas aproximadamente, como efectivamente sucedió. Solamente con pensar que Martín Zanabria y Paola Nande –que completaron el recorrido original y que fueron a buscar los puntos para el Mont Blanc-, podrían haberse quedado sin la recompensa de tanto esfuerzo e inversión, ya me resulta suficiente como argumento.

El post-carrera

Después de la llegada, me encontré con los amigos que habían retornado –Andrés Silva y Andrea Barcelona-, y Marianna Muzzio y Pablo Revetria que ya habían llegado antes. Enseguida llegaron Andrea Molinari, Jose Ibarburu y Pedro Pereira. Después de las fotos de rigor con los compañeros del recorrido y los comentarios sobre las condiciones de carrera, me llevaron a buscar el auto que habíamos dejado en la plaza de largada, momento en el que vimos llegar a Andrea Montans y Caroteno Chabalgoity. Un poquito después, llegó Andrea López.

Después del baño reparador en el hotel y de comer los sándwiches que me había llevado para la carrera, en tanto mis compañeros salieron a cenar, yo me fui a dormir un poco pues a la madrugada iba a buscar a los amigos de los 80 Km y debía además manejar hasta Córdoba en la tarde. Obviamente, pude dormir muy poco pues las conversaciones “a los gritos” de los uruguayos en el lobby del hotel, hacían bastante difícil conciliar el sueño pese al enorme cansancio acumulado. Alrededor de las 5:30 recibimos un mensaje de Paola que decía que pensaban llegar a las 7:30, así que me levanté, preparé el mate y salí junto a Marianna (en el otro auto) a buscar a los compañeros.

Al mediodía festejamos compartiendo una botella de vino, asado (vacío y corderito patagónico “al palo”) y unos chorizos “pa’picar”. Esta es otra de las grandes atracciones que tienen las carreras de aventura, cuando después, ya con la calma, compartimos un buen almuerzo o cena “bien regado”, e iniciamos nuevos planes y desafíos. Resulta imperdible también las conversaciones que siempre surgen con otras personas, que nos escuchan y preguntan por los desafíos (muchos no lo pueden creer…).

Reconocimientos

Pensaba destacar especialmente el rol jugado por los rescatistas, bomberos y corredores que auxiliaron a los compañeros en riesgo. Sin embargo, creo que nada mejor que el texto que escribió mi “hermano de la vida” Pablo Lapaz:

“Realmente el pueblo de San Javier y sus habitantes un ejemplo de cómo deberían funcionar las cosas en este mundo tan competitivo. El pasado sábado se disputó la Half Mision, carrera que hice en dos oportunidades. Son 80 kms de montaña en donde se hace cumbre en el Champaquí (2800 mts) y se corre por sus filos hasta bajar nuevamente al punto de salida, que es San Javier y Yacanto. Por lo que cuentan la carrera fue muy dura y hubo un porcentaje record de abandonos. Muchos corredores con hipotermia y descompensados completamente y peligrando su vida.
Debería decir POR SUERTE NO PASÓ NADA, pero esto no es tan así…
En este caso la suerte no fue el factor determinante para que muchos de estos corredores estuviesen hoy con sus familias. Hoy lograron bajar sanos de esas montañas gracias a la ayuda de rescatistas y corredores que los asistieron y les salvaron la vida. Cubrieron con sus cuerpos a los maltrechos corredores para darles calor y encendieron fuego en situaciones muy complicadas, pues la lluvia había mojado todo, según cuentan. Entre los rescatistas estaba un amigo, José Altamirano, con él finalicé las dos veces que corrí en Córdoba. Me consta que es un excelente corredor, así como también una gran persona. Un tipo sencillo, aguerrido, pero por sobre todo muy solidario.
Hoy escribo para homenajear a este gran bombero de San Javier, que estoy seguro que esperaba hace meses para correr la carrera de su pueblo, y en donde seguramente hubiese hecho podio. Desde aquí saludo con orgullo a este gran amigo y ser humano quien de sus dos vocaciones, la de correr y la del bombero, eligió esta última y ganó su mejor medalla en carrera y es el hecho de darle sentido a su vida y a la de otros.
También hubo otros corredores que olvidaron la competencia para brindar asistencia como son: Ariel Oliva, Elía Zandandez, Ceferino y Damián, según cuenta agradecido en su crónica, Juan Diego Morón, quien recibió la asistencia.

Fue mi carrera No. 319 completando 5.385 km, 32 de ellas en este año 2014 que suman 743 km.

Finalmente, vaya también mi agradecimiento a los compañeros de aventura y tantos amigos que encontré allá, así como también a Adriana y mis hijos por su tolerancia con mis locuras. “Gracias a la vida”, cantaba Violeta Parra.

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